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Lunes 6 de noviembre de 2017

 

En primer lugar debe resaltarse que no existe una palabra en el griego que se hablaba en la época homérica que pueda designar al derecho. Para estos efectos se usa la palabra ley, pese a no existir constancia de la existencia de codificación alguna en la época. De hecho las primeras leyes griegas que se han descubierto son las que corresponden a la cretense ciudad de Dreros, las que se han datado en la segunda mitad del siglo VII a. C., así como las de Zaleuco en la ciudad de Locros Epicefirios que datan aproximadamente del 662 a. C. Por lo tanto, normas positivizadas, en el sentido de reglas generales explícitamente promulgadas por una autoridad soberana, no se encuentra en Homero. Lo que puede hallarse es un cuerpo de usos y costumbres, anunciadas esporádicamente con mayor o menor autoridad, refrendadas primeramente por la opinión pública y posteriormente por la intervención del rey o el pueblo, de manera que puede afirmarse que en la época homérica la fuente de la ley es la costumbre promulgada en la forma de reglas generales de actuar o de decisiones en casos particulares.

Lo más cercano a las leyes eran los pronunciamientos del rey sobre un tema específico, en el que establecía lo que debe considerarse como apropiado o no, generalmente cuando debía arbitrar una disputa. Para lo que nosotros actualmente denominamos como derecho, entonces se utilizaban las palabras Themis, que corresponde al nombre de la hija de Zeus, diosa de la ley y de las asambleas deliberativas. Esta diosa aparece fundamentalmente en la Ilíada y se le atribuye diferentes concepciones, pues se le asocia tanto con norma, como con uso establecido y costumbre. En la Ilíada, se le atribuye la función fundamental de convocar a los dioses a asamblea, llegando inclusive a presidir el banquete de los dioses en ausencia de Zeus y Hera. En la Odisea aparece por una sola ocasión, cuando Telémaco invoca a Zeus y a Themis.

Homero parte de la premisa de que una sociedad requiere de leyes (Themis) para poder desarrollarse, aún más, la falta de normas se define como negativo y propio de pueblos despreciables. En el relato que hace Ulises sobre su visita a la tierra de los Cíclopes, se refiere a estos de forma despectiva, enfatizando en la falta de leyes entre ellos.

En cuanto a los delitos y el delincuente como conceptos, estos son desconocidos para Homero, pero existe una concepción jurídica de aquello que está mal y que afecta a la sociedad. La administración de justicia era por tanto sumamente informal e incumbía fundamentalmente a las partes interesadas, esto es el acusador y el acusado. El método fundamental en que se expresaba la justicia era la de la autodefensa, la que hasta la actualidad justifica la realización de actos que normalmente se encontrarían prohibidos, aunque en la época homérica no había restricciones en cuanto a la utilización de medios defensivos, salvo aquellas impuestas por las limitaciones físicas del propio individuo.

Además de la autodefensa, aparecen en las narraciones homéricas casos en los que la víctima requiere de la reparación correspondiente, así el adulterio, la seducción o la violación son castigadas por el esposo o pariente más cercano, en el caso de una mujer libre y por el amo, de tratarse de una esclava. El caso de la muerte de Egisto, asesino de Agamenón y amante de su esposa Clitemnestra, en manos de Orestes por ejemplo, nos lleva a pensar que la seducción se habría considerado como agravada por el asesinato, pues resultaría dudoso que una pena así de grave se hubiera impuesto por la mera seducción, pues en otros casos de adulterio como el de Afrodita y Hares a Efesto, era una pena pecuniaria la que se imponía en favor del cónyuge ofendido.

El abigeato o robo de ganado eran delitos más que comunes, así como la piratería. Cabe señalar que tanto en uno como en otro caso, las posibilidades de autodefensa de las víctimas eran sumamente limitadas y hay varios relatos de quienes, en búsqueda de recuperar sus animales robados, perdieron su propia vida, como en el caso de Ífito en manos de Heracles. En otros casos, pese a la superioridad física de quien había sido perjudicado, no era posible ejercer esa autodefensa por circunstancias jerárquicas, por ejemplo. Tal fue el caso de Aquiles, luego de que Briseida fuera tomada como botín por el rey Agamenón y que su impulso de asesinar al monarca haya sido contenido por Atenea. Luego de este episodio el héroe se retiró a su tienda con sus hombres (Mirmidones) y se negó a pelear junto a los demás soldados griegos contra Troya. Ante los desastrosos resultados en batalla, los demás jefes griegos obligaron a Agamenón no solo a retornar a Briseida a Aquiles, sino a añadir valiosos regalos en su honor. (O)

Fuente: Diario EL UNIVERSO, siga el enlace.

 

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